viernes, 7 de enero de 2011

Scarlett O'Hara

(Vivien Leigh, "Lo que el viento se llevó")

Bella y fascinante: Vivien Leigh.

Scarlett O'Hara es uno de los pocos nombres del cine norteamericano que se castellanizaron por la tremenda impresión que causó el personaje. Como Dorita (Dorothy), de "El mago de Oz". ¿Podemos imaginarnos un Carlos Foster Kane, un Estanislao Kowalski o un Lorenzo de Arabia en el doblaje de la época? Scarlett se llamó Escarlata para hacerla más cercana y familiar al asombrado público español que, once años después de su estreno mundial en Atlanta, pudo contemplar por fin la colosal "Lo que el viento se llevó" ("Gone with the wind", 1939).
Esta joven sureña, egoísta, manipuladora, terca y caprichosa, es uno de los mitos de ficción más universales que ha dado el cine, como Robin Hood, Vito Corleone o Blancanieves. Setenta y cinco años después de su creación literaria, gracias a la novelista Margaret Mitchell, sigue siendo un icono femenino que expertos de todo tipo han diseccionado a fondo a lo largo de los años: desde su carácter, ambición y moralidad hasta sus frases, miradas, maridos, vestuario o peinados.
Scarlett rompió moldes, literarios y cinematográficos, por su desprecio a las cualidades y virtudes que las mujeres debían conservar en la alta sociedad del siglo XIX, extensibles también a la época en que se escribió la novela y se dirigió la película. No es recatada ni sumisa ante los hombres, odia llevar luto, quebranta cualquier norma que le incomode para sus ambiciones, se convierte en empresaria en un mundo masculino y se deja llevar por sus pasiones y emociones sin importarle un bledo las apariencias. Mitchell la describió de una manera completa y soberbia, con una dimensión épica que enmascara sus actitudes más oscuras. Porque tampoco hay que olvidar que Kathy Scarlett O'Hara pretende destruir un matrimonio feliz, es una mala esposa, su instinto maternal deja mucho que desear, permite el maltrato a los presidiarios, que utiliza descaradamente en su negocio, y es básicamente una especuladora, lo que en la novela se denomina "carpetbagger" (quien utiliza cualquier método para explotar un territorio, término que la escritora aplica con frecuencia a Rhett Butler y a ella).
Y sin embargo, para millones de lectores y espectadores se trata de un personaje irresistible, con una fortaleza y un espíritu de lucha admirables. Además de superar tragedias familiares, el hambre y el horror de una guerra, Escarlata debe hacer frente con entereza y determinación al permanente desdén que le dedica una sociedad anclada en la gloria del aristocrático Sur, que nunca aprueba su conducta. El cariño que le profesa un ser tan puro y bondadoso como es su cuñada Melanie (o Melania) será a menudo la tabla de salvación de Scarlett y una de las principales razones por las que el público confíe aún en ella. Al fin y al cabo, si Melanie la quiere es que algo bueno debe tener.
El legendario personaje del cine contó con un espectacular proceso de selección de su intérprete, que incluía votaciones populares y una insólita y cuidadosa campaña en todos los medios. Hoy en día sigue siendo una excelente lección para aprendices publicitarios. La elegida fue la encantadora actriz británica Vivien Leigh, una de las grandes responsables del halo mítico que posee la película.Vivien, de aspecto frágil pero seductor y de mirada coqueta y traviesa, cuenta con dos personajes antológicos en su carrera cinematográfica: Scarlett O'Hara y Blanche DuBois ("Un tranvía llamado Deseo"), ambos en la cima de los más grandes papeles femeninos de todos los tiempos. La traumática separación de su marido, el actor Laurence Olivier, y una tuberculosis mal curada -que le condujo a la muerte a los 53 años- le llevaron a rodar sólo nueve películas en veinticinco años.

Vivien, en un descanso.
Lo primero que llama la atención de Scarlett es la devoción que siente hacia sus padres y el desprecio que dedica siempre a sus hermanas pequeñas (Suellen y Carreen), como si las considerara potenciales rivales en el flirteo amoroso. Será por eso que no tiene ni una sola amiga a lo largo de la película, si exceptuamos a su confidente Mammy (Hattie McDaniel), la persona que mejor la conoce, y, sin que ella lo pretenda, a la abnegada, bondadosa y amable Melanie Hamilton (Olivia De Havilland), esposa del hombre a quien ama y que a lo largo de la película le mostrará siempre a Scarlett una sincera devoción. 
¿Por qué Scarlett O'Hara ha fascinado a tantas generaciones?
1. Poderoso atractivo: Margaret Mitchell ya nos advierte al comienzo de la novela que no era bella, aunque los hombres "no solían darse cuenta de ello hasta que se sentían ya cautivos de su embrujo". Tiene el semblante sereno y delicado de su madre, de ascendencia francesa, y los rasgos más toscos de su padre, de origen irlandés. Su figura es fina y graciosa, con un busto "muy bien desarrollado para sus 16 años".
2. Arte para seducir: Los gemelos Tarleton, Charles Hamilton (Rand Brooks), Frank Kennedy (Carroll Nye) y unos cuantos muchachos del condado de Clayton (Georgia) se quedan hipnotizados ante su presencia. A su edad ya sabe mejor que nadie lo irresistible que es una caída de ojos o cómo sonreír en cada momento, porque existen múltiples sonrisas para múltiples propósitos. En el primer tramo de la historia sólo le importan las fiestas, los cotilleos, los vestidos y los jovencitos que la miran con embobada atención. “¡Guerra, guerra, guerra! ¿Es que no sabéis hablar de otra cosa?”.
3. Determinación y tenacidad: Son las cualidades preferidas por Rhett Butler (
Clark Gable), un canalla y cínico hombre de negocios, de oscuro pasado, que se enamora de ella desde el momento en que la descubre declarando su amor, de forma impetuosa, a Ashley Wilkes (Leslie Howard), el exquisito, soñador y apacible caballero de Doce Robles.
- Señor, no es usted un caballero.
- Ni usted una dama. No se ofenda: las damas no tienen ningún atractivo para mí.
A Rhett no le alteran ni los graciosos hoyuelos de sus mejillas ni sus ojos verdes, sino la capacidad de la joven para hacer todo aquello que se propone con una osadía insólita para la época. "¡Qué gran mujer!", exclamará cuando se reencuentren, después de un tiempo, ella convertida en la señora Kennedy. Sólo unos meses atrás, le había visitado en la cárcel, muerta de hambre pero tratando de ocultarlo, para venderse por unos cuantos dólares.
4. Espíritu de lucha: Su evolución es asombrosa. Pasa de ser una damisela caprichosa y consentida a una mujer decidida y emprendedora. Para recuperar Tara, la tierra de sus padres, tendrá que recoger algodón con sus manos, matar a un renegado, huir con una madre enferma y un recién nacido a través de los campos de batalla, ofrecerse como amante, casarse con un hombre a quien no quiere y, entre otras muchas acciones, convertirse en cabeza de familia por la demencia de su padre, Gerald O'Hara (
Thomas Mitchell).
5. Osadía y descaro: Desde el comienzo de la película observamos que, pese al correcto porte de su figura, sus educadas maneras y su recatado gesto, posee una energía vital que necesita salir de la encorsetada sociedad en la que vive. Sus traviesos ojos la delatan. No soporta actuar como una mujer discreta y decorosa. En su primer luto baila con Rhett hasta escandalizar a las damas de la ciudad; se casa por despecho, por necesidad y, finalmente, por placer; se comporta como una dura mujer de negocios ante una sociedad que rechaza su conducta; conduce ella misma su propio carruaje sin preocuparle la delincuencia que ronda por los alrededores de Atlanta ni las graves consecuencias de su acción; persigue a Ashley, su sueño, sin importarle las apariencias...


Scarlett y Ashley, en uno de sus traumáticos momentos.

Escarlata es, además, un personaje contradictorio. Posee la férrea voluntad irlandesa de su padre, pero admira la armonía y serenidad de su madre, Ellen O'Hara Robillard (Barbara O'Neil). Durante doce años persigue a Ashley Wilkes, pero sabemos (Rhett Butler, Mammy y nosotros, el público) que se hubiera sentido defraudada y desgraciada si se hubiera casado con él. Por contra, no se da cuenta hasta el final de que el amor de su vida lo ha tenido rondando siempre muy cerca, antes y después de la guerra. Es una mujer apasionada y ardiente, sin embargo pierde el tiempo con un amor platónico que nunca le corresponde. Destroza la vida de Frank Kennedy, su segundo y sumiso esposo, que estaba comprometido con su hermana Suellen, pero sólo lo lamenta cuando ya está muerto. "Querida, es como el ladrón al que no le importa robar, pero que lamenta terriblemente ir a la cárcel", le aclara Rhett cuando ella sufre una crisis emocional, agudizada por el alcohol que ha bebido a escondidas.
A pesar de su frivolidad, lo que más ama en el mundo es Tara, la plantación de algodón, la casa señorial donde creció, los campos y prados que recorrió a caballo desde niña. Parece como si en lo más profundo de su corazón quisiera ser una dama tranquila y distinguida, reposando su mirada ante una puesta de sol mientras la vida gira sin sobresaltos. "Hay algo que amas más que a mí, aunque no lo sepas, y es la tierra roja de Tara", le explica Ashley. Tara, un nombre que adquiere connotaciones casi mágicas para la protagonista con solo pronunciarlo, es su refugio cuando las cosas le salen mal. Es como "Rosebud" para el protagonista de "Ciudadano Kane" o "Shane" para el niño de "Raíces profundas": palabras que reconfortan con solo expresarlas.
De la juvenil Scarlett que aparece en las primeras escenas (seductora, caprichosa, egoísta y coqueta) no queda nada al final. Estamos ante una mujer de 28 años, angustiada, herida y, por primera vez, enamorada de verdad, sin falso idealismo. Durante esos doce años la hemos visto atravesar por numerosos estados de ánimo, un indudable reto para cualquier actriz y, en el caso de Vivien Leigh, un portentoso trabajo de interpretación.

Con los gemelos Tarleton.
Al comienzo vemos a una joven radiante e ilusionada que despliega todas sus armas para conquistar. Se prepara a conciencia para convencer a Ashley de que olvide su planeado matrimonio con Melanie y se case con ella. En su encuentro a solas con el heredero de Doce Robles ocurren tres cosas: él la rechaza con elegancia, ella le abofetea indignada y en el mismo salón conoce a Rhett Butler, que se había apartado discretamente de los invitados tras haber ofendido sus ánimos de guerra con el Norte. Scarlett, herida y humillada por los comentarios de las muchachas del condado, decide vengarse de una de ellas, India Wilkes (Alicia Rhett), la hermana de Ashley, y se casa por despecho con el atolondrado prometido de ésta, Charles Hamilton, a su vez hermano de Melanie.
La desgracia (o la fortuna, según se mire) se alía con ella, ya que se queda viuda nada más iniciarse la guerra. Está deprimida y no precisamente por la muerte de su marido, sino porque el luto parece haberla enterrado en vida. Ya no puede lucir bellos vestidos ni lucirlos en fiestas. La solución es viajar a Atlanta, una ciudad agitada por la contienda y bulliciosa, aunque sea con Melanie. La única que se opone es su ama, Mammy:

- Savannah sería mejor para usted, señorita Scarlett. En Atlanta no encontrará más que problemas.
- ¿De qué problemas estás hablando?
- Sabe muy bien de qué estoy hablando. El señorito Ashley volverá a Atlanta cuando tenga un permiso y usted estará ahí esperándole como una araña. Él pertenece a la señorita Melanie.
- Vete a empaquetar mi equipaje, como te dijo mamá.

Una de las muchas escenas imprescindibles de la película es el baile benéfico a favor de los soldados de la Confederación (el Ejército del Sur). La cámara nos muestra a Scarlett en un tenderete para recaudar fondos. La protagonista mira con nostalgia a hombres y mujeres bailando; la cámara enfoca su figura por detrás y observamos cómo sus pies están siguiendo el ritmo de la música con frenesí. Cuando Rhett puja por ella para tenerla de pareja, todos se escandalizan por su atrevimiento, pero la joven viuda se lanza a bailar durante horas.

Doctor Meade: ¿La señora Hamilton? Seguro que preferirá otra dama...
Rhett: He dicho 150 dólares en oro por la señora Hamilton.
Doctor Meade: Pero la señora Hamilton está de luto, no va a aceptar..
Scarlett: ¡Oh, sí, claro que acepto!

"Bailaría hasta con el mismísimo Lincoln".

Scarlett debe ser seguramente la única persona en Atlanta a quien la guerra le importa un bledo. Le afecta leer en la lista de bajas los nombres de amigos, pretendientes y conocidos, pero en realidad está en la capital para prolongar su dorada juventud. Ni es consciente de su nuevo estado, con un luto del que se desprenderá en cuanto pueda, ni de la profunda transformación que está sufriendo el mundo al que pertenece. Coquetea con Rhett en la medida en que éste, sincero, cínico y burlón, le permite. “No, no voy a besarte. Aunque lo necesitas. Eso es lo que te pasa, que deberían besarte a menudo, por alguien que sepa cómo hacerlo”.
Tras unas Navidades más alegres por el regreso de Ashley, la guerra y la muerte se acercan a Atlanta y su estado de ánimo pasa de la incomprensión al fastidio. Como Melanie y otras muchas mujeres, ayuda al doctor Meade (Harry Davenport) en el hospital. Pero está harta de ver cadáveres y lisiados. “¡No quiero que muera más gente, no quiero!”, protesta como una chiquilla cuando huye por la ciudad.
Sin embargo, nos estamos acercando al momento clave en que Scarlett va a dejar de ser una jovencita caprichosa y egoísta para convertirse en una mujer que deberá asumir más responsabilidades de las que podría imaginar. Melanie está a punto de dar a luz, el doctor sólo puede atender a los heridos y ella, con la inútil ayuda de su sirvienta Prissy (Butterfly McQueen), va a tener que actuar de comadrona. Por si fuera poco, ante la llegada del ejército de Sherman (general del Norte), asume el riesgo de escapar de Atlanta con su cuñada, el recién nacido y Prissy.
Rhett Butler le consigue un carruaje y le acompaña por las peligrosas calles de la ciudad, entre el fuego, los bandidos y los que huyen desesperadamente. Pero antes de llegar al condado se detiene y le abandona para alistarse con el derrotado ejército de la Confederación que él tanto había despreciado. Es una gran escena de amor, intensa e irresistible para una Escarlata que se siente herida y desprotegida.

“No te pido que me perdones. Ni yo mismo sé si podré perdonarme. Y si una bala me alcanza me reiré por haber sido tan idiota. Sólo sé que te amo, Escarlata, a pesar de que a nuestro alrededor este mundo parece volar en pedazos. Te amo porque somos iguales, egoístas y astutos. Capaces de ver las cosas y llamarlas por su nombre”.

Su última esperanza es cobijarse bajo la protección de su padre y descansar en Tara, pero al llegar se encuentra un panorama desolador. Gerald O’Hara parece un fantasma tras la muerte de su esposa y los efectos de la guerra. Ella va a tener que tomar todas las decisiones porque hasta los esclavos de la plantación que se han quedado están esperando que alguien asuma el control de la situación. No hay ganado, no hay lujos, no hay comida siquiera. Es la peor pesadilla que podía imaginar. Definitivamente, se acaba de convertir en una mujer absolutamente responsable, con una carga monumental para sus hombros.

La espectacular estampa de Scarlett ante el cielo rojo de Tara.

La evolución del personaje marca la mitad de la película. A partir de ese glorioso instante en que alza su puño hacia el cielo e invoca a Dios para no volver a pasar hambre, toda su obsesión estará dirigida a ese empeño. Aunque, como ella mismo dice, tenga que matar (a un soldado del Norte que trataba de robar y de abusar de ella), engañar (cuando visita a Rhett en la cárcel, ataviada como si aún fuera un encantadora rica, para que le preste dinero) o robar (a su hermana el pretendiente, Frank Kennedy, con el fin de que pague así los 300 dólares yankees que cuesta la contribución de Tara). Cuando Suellen llora amargamente por haberle quitado el novio, no podemos evitar sentir simpatía hacia una valiente Scarlett, que ha sacrificado de nuevo su vida para salvar algo más que unas tierras: el paraíso de su infancia que levantaron sus padres.
La nueva señora Kennedy no tiene miramientos con nadie; se apodera del aserradero de su marido, un negocio modesto que ella convierte en próspero, cancela créditos y deja todo en manos de un cruel capataz, Johnny Gallagher, para que resulte más rentable. Cuando Ashley le reprocha que éste emplee como esclavos a presidiarios, antiguos soldados de la Confederación, ella no siente ningún remordimiento:

“Te has olvidado de lo que es vivir sin dinero? Me he dado cuenta de que el dinero es lo más importante del mundo y no estoy dispuesta a que me vuelva a faltar”.

Escarlata es valiente, no teme ni a nada ni a nadie después de lo que ha tenido que pasar. Pero en las afueras de la ciudad, del aserradero a casa, sufre el ataque de un grupo de antiguos esclavos, y ese asalto provocará las represalias de la “gente de bien” de Atlanta, en lo que se considera el germen del Ku-Klux-Klan. Su marido muere en la refriega y ella se entera mientras sonríe de forma pícara a Rhett, que se lo suelta bruscamente cuando ella sólo se interesa por Ashley.
Por primera vez la vemos arrepentida y con un gran sentimiento de culpabilidad. Es su segundo luto y el coñac que ha bebido a escondidas le ayuda a derramar lágrimas de angustia, por temor a ir al infierno, y de remordimiento, porque se siente culpable de haber hecho desdichado a Frank. Cuando Rhett se atreve a visitarla a solas, se olvida de las apariencias y acepta su compañía. Hasta Scarlett necesita un amigo con el que compartir sus penas.
Esta es mi escena favorita, absolutamente deliciosa, atrevida e irrepetible. Él acude sonriente, como si fuera a una fiesta; ella trata de disimular su embriaguez, pero con Rhett no hay nada que ocultar. Tras contarle sus penas entre lágrimas, él pasa a otro asunto: le pide en matrimonio, arrodillado y recitando cómicamente una declaración de amor.

- ¿Has pensado en casarte por diversión?
- ¿El matrimonio, divertido? Bobadas, sólo es divertido para los hombres.
- Te casaste con un niño y con un viejo. Prueba con un hombre de edad adecuada y que sepa tratar a las mujeres.
 
"Di que te casarás conmigo. Di que sí".

Scarlett le rechaza inicialmente, pero acabará aceptando, casi desmayada, cuando Rhett la abrace y bese con un ardor desconocido para ella. “Nadie te ha besado nunca así. Ni Charles ni Frank ni tu estúpido Ashley”. Viste de negro, pero el luto se ha terminado en el momento en que Rhett le promete el anillo más grande y vulgar de toda Atlanta: vuelve a sonreír como si se encontrara de nuevo en los porches de Tara, dispuesta para otra fiesta. Y eso es lo que va a vivir desde entonces. Una costosa luna de miel con todos los caprichos y la reconstrucción lujosa de Tara colman sus deseos. Los de su marido nacen poco después: una preciosa niña de ojos azules llamada Bonnie. Gracias a la niña, la pareja recupera su sitio en la tradicional sociedad de Atlanta, pese a los reparos de Scarlett.
Ella sigue soñando de forma melancólica con Ashley y con el pasado; guarda su foto en su tocador y le confiesa a Rhett que no quiere tener más hijos, tras comprobar que ya no puede llevar los vestidos que lucía antes del embarazo. Se está volviendo a comportar como una niña caprichosa justo cuando la vida le sonríe y posee todo el dinero que pueda pretender. Un malentendido alimenta el rumor de que estaba seduciendo de nuevo a Ashley en el día del cumpleaños de él. Con un impactante vestido rojo, el color del pecado, acude a la fiesta asustada, pero cuando cruza el umbral se transforma en altiva y provocadora. No cabe duda de que se trata de una mujer capaz de enfrentarse con todo. Melanie, que ha expulsado de su casa a India por difundir esos rumores, obligará a toda su familia y sus amistades a recibir a “nuestra querida Scarlettcon educación.
Comienza una fase de amor-odio en el matrimonio Butler. Rhett la fuerza a hacer el amor y a la mañana siguiente ella aparece radiante y feliz. La escena, que arranca con el marido llevando en brazos a su mujer por las escaleras, es una de las más polémicas de la película. Algunos la interpretaron como una violación que satisface a la protagonista, lo que rompía la imagen feminista que encarnaba, y otros como un salvaje acto sexual consentido por ella. Es evidente que ambos se desean y se aman, pero están jugando al perro y al gato con sus sentimientos continuamente: cuando ella espera prolongar dulcemente la noche que han pasado, él se disculpa con sarcasmo y anuncia que se va de viaje; Scarlett le ofende al insinuar que si se lleva a Bonnie con él la meterá en prostíbulos como el de Belle Watling (Ona Munson). “Una gata es mejor madre que tú”, le responde él.
El juego de amor y odio adquiere tintes trágicos cuando Escarlata sufre un aborto tras un nuevo desencuentro afectivo. Ella llama a Rhett en el delirio de su habitación; él, abatido por la desgracia, cree que nunca le ha querido y que nunca le querrá. Pero lo peor viene con la cruel muerte de Bonnie, el último vínculo de cariño que le quedaba a Rhett.

"Francamente, querida...". Una de las grandes frases de todos los tiempos.

El funesto final de la película, que incluye la emotiva y lacrimógena muerte de Melanie, nos revela por fin lo que ya sabíamos: Scarlett nunca amó a Ashley en realidad. Fue un sueño adolescente que persiguió a lo largo de los años y del que hubiera despertado sólo con que él le hubiera hecho caso. Rhett es su hombre, pero lo está perdiendo, se marcha a otra ciudad. Ha estado doce años detrás de ella, esperando que le demostrara amor y cariño. Aunque lo ha conseguido al final, es demasiado tarde. Scarlett le está implorando su amor, pero ya no tiene nada que hacer. Y cuando le pregunta qué va a ser de ella, Rhett se vuelve con indiferencia y le suelta la frase de todas las frases: “Francamente, querida, me importa un bledo” (“Frankly, my dear, I don’t give a dawn”).
También hubiera sido un gran final, pero tanto la novela como la película nos dejan a Scarlett hundida en la escalera, pensando en cómo podrá recuperar a Rhett. En su mente surge una palabra: Tara. Su casa es lo que le dará fuerzas para seguir y para idear algo. Ya lo pensará mañana, porque, “definitivamente, mañana será otro día”. Si “Lo que el viento se llevó” es la película más legendaria, excesiva y monumental de la historia del cine, Scarlett O’Hara es, sin duda, el personaje más mítico y fascinante que haya existido.

La película
- Con más de 250 millones de espectadores, 
“Lo que el viento se llevó” sigue siendo la película más vista de la historia del cine en salas comerciales.
- David O. Selznick, un joven productor independiente (Selznick International Pictures), adquirió los derechos de la novela por 50.000 dólares y fue el verdadero artífice de la película.
- El director Victor Fleming es el único que aparece en los créditos como tal, pero el primer contratado fue George Cukor, a quien Selznick despidió porque le veía incapaz de darle a la película el aliento épico que quería. Fleming abandonó en abril de 1939, poco antes de acabarse el rodaje, debido a una crisis nerviosa, y Sam Wood terminó la película. Incluso William Cameron Menzies, director artístico, filmó varias escenas, entre ellas el incendio de Atlanta, para el que se utilizaron decorados de la película "King Kong".
- Al parecer, otra de las causas del despido de Cukor fue sus desavenencias con Clark Gable, quien se quejaba de que el director prestaba más atención a los papeles femeninos.
- Margaret Mitchell cogió el emblemático título de un poema titulado "Cynara", de Ernest Dowson.
- La elección para el papel de Rhett fue clara desde el primer momento, tenía que ser Clark Gable, aunque el actor se sentía aterrado ante el reto y hubo momentos en que pareció imposible contar con él. Gary Cooper, Ronald Colman y Errol Flynn fueron otras opciones.
- Lo que movilizó a fans de la novela y público en general fue la elección de la protagonista principal. Más de 1.400 actrices, entre ellas Paulette Godard, Tallulah Bankhead, Carole Lombard, Norma Shearer, Katherine Hepburn, Susan Hayworth, Lana Turner, Joan Bennett, Loretta Young, Jean Arthur... y hasta la propia Olivia de Havilland, pasaron un casting o fueron consideradas para el papel de Scarlett. Laurence Olivier se presentó un día ante Selznick con su joven esposa, Vivien Leigh, y el productor encontró así su Escarlata.
- El rodaje se inició el 26 de enero de 1939 y se prolongó hasta el 27 de junio del mismo año. Su estreno mundial tuvo lugar en Atlanta el 15 de diciembre de 1939.
- "Francamente, querida, me importa un bledo" fue elegida en 2005 como la mejor frase cinematográfica de todos los tiempos.
- La película triunfó plenamente en los Oscar de 1939 y obtuvo 10 estatuillas de 13 nominaciones. Sorprendentemente, ni Clark Gable ni Max Steiner, autor de la excelente banda sonora, lograron sus respectivos premios. A Gable le ganó Robert Donat, por su papel en "Adiós, Mr. Chips".
- Para saber más sobre Scarlett O'Hara y la película es recomendable leer "¡Este rodaje es la guerra! Lo que el viento se llevó y otras batallas campales", de Juan Tejero, y, por internet, las páginas: http://www.vivien-leigh.com/ y http://vientoescarlata.blogspot.com/.
   



19 comentarios:

  1. Muchas gracias, amigo. No había visto tu mensaje. Un saludo

    ResponderEliminar
  2. Maravilloso che! Scarlett O'hara me fascina!!! EXcelente articulo.

    ResponderEliminar
  3. Gracias, amigo. Scarlett es simplemente fascinante.

    ResponderEliminar
  4. genial la peli! genial el libro! genial el articulo!

    ResponderEliminar
  5. Muchas gracias. La película, Scarlett, Rhett, todo es genial. Un saludo

    ResponderEliminar
  6. Scarlett es impresionante! simplemente fascinante!!

    ResponderEliminar
  7. Gran artículo, pero has de saber que esta peli no cierra el círculo de la historia. Hay una segunda parte adaptada de la novela "Scarlett" de Alexandra Ripley, donde Rhett acaba con Scarlett y tienen una segunda hija, Katie o Cat, en Irlanda y que sobrevive, una serie que se títula "Scarlett" de 1994 protagonizada por Joanne Whalley y Timothy Dalton como Rhett. Ya el tópico ese de que Scarlett es la mala no creo que sea así, ella va madurando. Así que esta peli y su triste final fueron sólo de tránsito pero como buen fan de "Lo que el viento se llevó" seguro que lo sabes. Los actores que hicieron la segunda parte no son los mismos pero sí los personajes y eso es lo que importa. Así que "Lo que el vient se llevó" no acaba mal. Y Scarlett quería mucho a su hija. Saludos.

    ResponderEliminar
  8. Rhett Butler no era ningún santo estoy harta de eso de que oficialmente Scarlett es más villana. Por culpa de él ella aunque accidentalmente, cayó por la escalera y abortó, ella en la segunda parte se arrepiente y le pide otra oportunidad confesándole su amor, pero él prefiere estar en los burdeles,y él la forzó en el amor una noche en la primera peli y luego cuando más lo necesitaba la abandonó. Escarlata es cruel y egoísta pero no oculta lo que es, un personaje fuerte que lucha y que ama. Rhett está barnizado elegantemente y queda como el "bueno" oficial. El hecho de no saber si Escarlata es villana o no es lo que la ha convertido en uno de los personajes femeninos más queridos y atractivos de la historia oficial. Escarlata no tenía culpa de amar a Ashley. En el amor no se puede obligar, se dió cuenta de la verdad tarde, pero supo rectificar. Gran personaje, más que Rhett.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Exacto Rhett Butler era un caradura, resulta grotesco los aires que se da de digno en la segunda parte de la historia, en la miniserie "Scarlett" con principio morales. Un hombre que lo único que hace es andar en prostíbulos y jugar a las cartas. Scarlett ayudó después de la ruina a Ashley y a un montón de gente.

      Eliminar
  9. Gracias por vuestros comentarios. Respecto a la miniserie Scarlett, tengo un problema: para mí, la historia de "Lo que el viento se llevó" se acaba en la novela de Margaret Mitchell y, por consiguiente, en la película. No quise ni leer la novela ni ver la serie televisiva porque no estoy de acuerdo con las secuelas ajenas a los autores originales y, por si fuera poco, tan alejadas en el tiempo (Ripley la escribió en 1991). Sí estamos de acuerdo, por supuesto, en que Scarlett es un personaje fascinante.
    Saludos

    ResponderEliminar
  10. Excelente análisis. Scarlett O' Hara es uno de los personajes femeninos más interesantes de la historia de cine, sin duda una mujer fascinante,al igual que el personaje de Rhett Buttler.

    ResponderEliminar
  11. Gracias. Coincido contigo plenamente en lo fascinante que resultan los dos.

    ResponderEliminar
  12. Soy fan acerrima del libro y posteriormente de la peli; coincido absolutamente en tu comentario sobre la "segunda" parte; yo si lo leí y la verdad es patetico que pretendan realizar una secuela de una de las obras cinematograficas mas grandes de todos los tiempos. No tiene estilo, ni fuerza, ni logra proyectar ese sabor nostalgico por el Viejo Sur. Solo he visto imagenes de la serie televisiva y puedo decir que es de risa, no solo la imagen mediocre de la desconocida actriz protagonica, sino todo el arte visual, en la ambientacion, en el vestuario, puafff¡¡¡.
    Vaya pues un recuerdo y reconocimiento a quienes hicieron posible esta magnfica historia y tan bien lograda adaptacion cinematografica.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estamos plenamente de acuerdo y me alegro de coincidir contigo.
      Gracias. Un saludo

      Eliminar
  13. La pelicula es una autentico bombardeo de sentimientos y mantiene ese nivel hasta el final. Recomiendo su visualización a las nuevas generaciones. Yo pienso que todos, al menos una vez en la vida, deberiamos de visionarla para darnos cuenta realmente de que es eso a lo que llaman CINE. Por cierto no sabia de esa fotografia de Vivien descansando en el rodaje con su cigarrito y es que es buenisima la foto, casi parece que se la hicieron ayer con una camara de megapixels actual, asombroso. Genial !

    ResponderEliminar
  14. El artículo,excelente análisis, a la altura de la película. Gracias

    ResponderEliminar
  15. El artículo,excelente análisis, a la altura de la película. Gracias

    ResponderEliminar