lunes, 3 de diciembre de 2012

Coronel Dax

 Kirk Douglas ("Senderos de gloria")


La década prodigiosa de Kirk Douglas, desde 1951 a 1960, contiene una docena de obras maestras y está repleta de personajes memorables, de esos que te obligan a amar el cine para siempre. Desde Chuck Tatum ("El gran carnaval") hasta el esclavo Espartaco ("Espartaco"), el legendario actor nos obsequió con papeles intensos, vigorosos, a menudo atormentados y tan llenos de vida que podrían escapar de la pantalla: Jonathan Shields ("Cautivos del mal"), Van Gogh ("El loco del pelo rojo"), Matt Morgan ("El último tren de Gun Hill"), Doc Holliday ("Duelo de titanes"), Einar ("Los vikingos")...
Queda un personaje esencial, un coronel del ejército francés durante la Primera Guerra Mundial que asistirá, impotente e indignado, a uno de los episodios más vergonzosos de la historia militar de su país. Sobre el coronel Dax gira la trama de la soberbia "Senderos de gloria" ("Paths of glory", 1957), donde el talento de Stanley Kubrick, director, y el genio de Kirk Douglas, actor y productor, se unieron para dar forma a una de las grandes cumbres del cine, posiblemente el mejor alegato antibelicista jamás filmado.
Dax sólo es un apellido corto, sin nombre, sin linaje ni oropeles. No pertenece al noble estrato social de los generales Mireau (George Macready) y Broulard (Adolphe Menjou), pese a que, por jerarquía militar, debería ser alguien muy cercano a ellos. Dax marca las distancias con una frialdad muy calculada: no congenia con sus superiores, aunque se muestra cortés y atento cuando tiene que tratarlos. Tampoco puede ser compañero de sus soldados, pero intuímos que comprende mucho mejor las inquietudes de su tropa que las elevadas motivaciones de los generales.
La personalidad de Dax se revela mucho mejor en contraste con la de estos dos personajes. Mireau y Broulard pasean sus elegantes trajes por los enormes salones de un castillo, desde donde hacen la guerra y planean sus objetivos. Dax la vive en un tenebroso cuarto dentro de la trinchera, sin lujos, con una silla como único elemento de bienestar. No necesita demostrar que está en sintonía con sus hombres, porque tiene el mismo rostro fatigado que ellos. Pero ni en mil batallas podrán conectar los generales con la tropa; cuando Mireau pasea por las trincheras, con su impecable vestimenta y sus modales aristocráticos, sólo es capaz de soltar la misma frase: "¿Qué tal, soldado? ¿Dispuesto a matar alemanes?". No puede decir nada más, porque no sabe qué más decirles a esos hombres.
Antes de la guerra, Dax era uno de los más reputados abogados criminalistas de Francia. Quizá por ello aprecia mucho más el sentido de la justicia que determinados valores militares. Cuando el ayudante del general Mireau, el mayor Saint-Auban (Richard Anderson), desprecia a los soldados, que actúan con instinto animal ante los bombardeos, incapaces de dispersarse, Dax le mira fijamente a los ojos: "Más bien con instinto humano, ¿o es que usted no ve la diferencia, mayor?". Y sólo dejará de mirarle cuando el aludido baje la cabeza.

Dax atraviesa la trinchera: una de las escenas clásicas del cine.

El coronel recibe la noticia del siguiente plan militar: tomar la colina de las Hormigas. Es un objetivo que tal vez sobre un plano pueda parecer factible, pero sobre el terreno es completamente suicida. Mireau, con fría crueldad, ya ha calculado que la mitad de los hombres morirán en el ataque. Una trágica consecuencia que le importa bien poco, porque se diría que la guerra es, para él, una partida de ajedrez que afronta gozoso con una copa de coñac en la mano. Esencialmente es un militar mediocre, arcaico, incapaz de entender que la guerra mundial es una contienda moderna, mucho más sangrienta y despiadada que las batallas decimonónicas que haya podido planear desde otros despachos.
Cuando Mireau apela al patriotismo para convencer a Dax, éste recuerda una cita del político inglés Samuel Johnson sobre ese elevado y abstracto ideal al que suelen apelar casi siempre quienes mandan a otros a morir por él: "El doctor Johnson decía que el patriotismo es el último refugio de los canallas; lo siento, señor, no quería molestarle", le suelta con media sonrisa. Es evidente que Dax sí pretende molestarle. Mireau, muy ofendido por el insulto, le amenaza con alejarle del servicio y de sus hombres. Es lo peor que le puede pasar a Dax, leal y comprometido con su tropa. Sólo por esa razón asumirá y dará por buena la misión.
La lealtad y la disciplina son otras dos grandes virtudes del coronel, pese a lo que cree su inmediato superior. Cuando tiene que explicar el plan de ataque a sus oficiales, ni una sola crítica escapa de sus labios. Incluso es capaz de sobrevalorar la participación de Mireau, aunque éste se limitará a observar con prismáticos la ofensiva.

El coronel, a punto de lanzar el ataque suicida.

Llega el momento decisivo. Dax recorre toda la trinchera en silencio y sin mirar a sus soldados. Lo vemos en un travelling fabuloso, que ha pasado a la historia como una de las escenas más memorables del cine, tanto por el movimiento de cámara, que anticipa los pasos del coronel, como por el rostro de Kirk Douglas. Las explosiones se suceden alrededor, pero él ni se inmuta: no va a demostrar ni una pizca de debilidad. Cuando llega a la escalera por la que saldrá al campo de batalla, extrae su pistola, se coloca un silbato en la boca y da la orden. Cientos de soldados salen del escondite para exponerse a una muerte insensata, diseñada por dos generales irresponsables.
Dax avanza sin mirar hacia atrás y sin detenerse a contemplar los cadáveres que caen a su alrededor. Sabe que el campo de batalla se está convirtiendo en un cementerio para sus hombres, pero no quiere pensar en eso... hasta que repara en que un ala del ataque no existe, porque muchos de sus soldados se han quedado en la trinchera. Tendrá que regresar para sacarles de ese agujero, pero cuando llega comprueba que es materialmente imposible salir de allí: los cadáveres se amontonan arriba ante una lluvia incesante de proyectiles que impide cualquier movimiento.
A mucha distancia, el general Mireau observa el estrepitoso fracaso de su plan. Sufre un ataque de cólera y ordena, varias veces, disparar contra sus paisanos. El comandante de batería se niega a obedecer si esa orden no llega por escrito. Humillado por ese subordinado, reclama entonces que se fusilen a cien hombres. "Son despreciables, una cuadrilla de perros rastreros y cobardes".
Para satisfacer al general, el alto mando reduce la exigencia a tres soldados, que serán elegidos por azar y fusilados como escarmiento. Dax se ofrece primero como único sacrificado y luego como abogado de los condenados. Quizás entonces ha perdido ya su fe en la justicia militar; no puede entender que hayan complacido el capricho de Mireau sin más. Una mínima investigación de los hechos hubiera desvelado, por ejemplo, no sólo que el general quiso disparar sobre sus hombres en un arrebato de rabia, sino que ha ocultado esas intenciones para que nadie cuestione el castigo ejemplar que exige su sentido del patriotismo y su dignidad. También se hubiera conocido que uno de los condenados, el cabo Paris (Ralph Meeker), salió elegido porque fue testigo de la cobardía del teniente Roget (Wayne Morris), que mató accidentalmente a un soldado durante una escaramuza.
El consejo de guerra se convierte en una grotesca pantomima, en "una deshonra y un agravio al honor", como lo calificará Dax. Se siente impotente frente a la parcialísima actuación del juez, la indigna actitud del fiscal y la complicidad de unos oficiales que ya han decidido la ejecución sin esperar el resultado del juicio. Por eso, porque entiende que todo está perdido, se olvida de discursos sensatos: "Caballeros y miembros del tribunal, hay ocasiones en que siento vergüenza de pertenecer a la raza humana, y ésta es una de ellas". Ha protestado, ha insultado a la propia corte y, finalmente, sólo le queda como último recurso apelar a la compasión del tribunal.
A su manera, dentro del estrecho margen que le dejan, Dax aún tendrá ocasión de hacer justicia. Primero, al encargarle al teniente Roget que dirija el pelotón de ejecución de los tres soldados, como venganza por haber mandado a la muerte al hombre que conocía su secreto; es una misión odiosa, que le avergonzará y le marcará delante de soldados y suboficiales. Después, al informar a Broulard sobre las intenciones que tenía Mireau de disparar contra la tropa, una acción indigna que puede acabar con su carrera militar.

Broulard, Dax y Mireau, en una magnífica escena.

Dax tendrá ocasión de conocer la catadura moral de este general, más peligroso aún que Mireau, quizá porque su amabilidad y su aire campechano ocultan a un ser tremendamente cruel, que toma decisiones criminales sin perder la sonrisa.
- "Los soldados son como los niños, necesitan disciplina; y un modo de mantener la disciplina es fusilar de vez en cuando".
- ¿Puedo preguntarle si de verdad cree en lo que acaba de decir?".
El coronel amenaza con hacerle chantaje y difundir a los periodistas y a los políticos el escándalo de Mireau para que Broulard inicie la investigación y no se olvide del asunto. Ya no le sirve para salvar la vida de los tres desgraciados soldados, pero al menos permitirá castigar la soberbia de un individuo que es capaz de mostrarse cínico después de la ejecución: "Sus hombres murieron muy bien", le suelta Mireau al coronel mientras disfruta del almuerzo.
Broulard "vende" a su amigo y cree que todo lo que ha hecho Dax es para ascender en la jerarquía militar y ocupar el puesto del general. "Señor, ¿me deja sugerirle que puede hacer con ese ascenso?", le responde. Cuando le pide que se disculpe, el coronel explota de indignación por primera vez. "Me disculpo por no haberle dicho antes que es usted un degenerado, un viejo sádico, ¡y aunque me hunda en la profundidad del infierno no le pediré más disculpas!”.
Broulard no puede entender que existan aún idealistas como Dax, personas capaces de anteponer el sentido de la justicia, la honestidad y el deber a las ambiciones y corruptelas que parecen dominar el mundo del general. Tan acostumbrado está a esa perversión, que realmente no se siente culpable de nada.

- "¿Qué es lo que he hecho mal?".

- "Si no sabe contestar a esa pregunta, le compadezco".

El coronel Dax se aleja del castillo y se acerca a la cantina. Desde fuera escucha vociferar a sus hombres. Rostros agitados y agresivos contemplan a una muchacha alemana que siente pánico al enfrentarse con semejante jauría humana. Pero cuando se pone a cantar, la violencia desaparece del ambiente; los soldados están conmovidos y emocionados. Y Dax, sonriente, se aleja, convencido de que, pese a todo, quizás nada está perdido en este mundo.

La película:
- Stanley Kubrick, Calder Willingham y Jim Thompson se encargaron de adaptar la novela de Humphrey Cobb, publicada en 1935 con el mismo título. Novela y película están inspiradas en un episodio real, el fusilamiento de cuatro soldados franceses en 1915 por insubordinación. Casi veinte años después de su muerte, el ejército francés reconoció la imprudencia del general contra el que se rebelaron y rehabilitó el honor de los soldados.
- La película fue la primera colaboración entre el talento de Kubrick, director, y el genio de Douglas, actor y productor, que había creado tiempo atrás Bryna Productions.
- Kirk Douglas reconocía el talento de Kubrick, pero lamentó que quisiera alterar el desenlace de la novela para conseguir un final feliz y más comercial. Según su autobiografía, "El hijo del trapero", le exigió al joven cineasta que volviera a escribir el final conocido.

Kubrick y Douglas, en un momento del rodaje.

- Las desavenencias entre ambos estallaron en su segunda y última película: Douglas acusó a Kubrick de querer firmar el guión de "Espartaco" en lugar de Dalton Trumbo, que hasta entonces utilizaba un seudónimo por ser víctima de la "caza de brujas" del senador Joseph McCarthy.
- Como esperaba el productor, la película obtuvo discretos resultados en taquilla. Tampoco la crítica la ensalzó en su momento, pero con el paso del tiempo esta percepción cambió radicalmente. Hoy en día, muchos expertos la consideran la mejor película de cine bélico (antibelicista en este caso) de la historia.
- "Senderos de gloria" fue prohibida en Francia y, entre otros países, en España, donde su estreno no se produjo hasta 1986.
- Aunque la historia está ambientada en el frente francés de 1916, el rodaje tuvo lugar en Munich, porque a Kubrick le gustaron los castillos de los alrededores.
- Richard Burton y James Mason fueron dos de los candidatos para el papel del coronel Dax, aunque Gregory Peck fue el mejor colocado para conseguirlo. Kirk Douglas, que inicialmente no pudo por estar ocupado en una función teatral de Broadway, se quedó al final con el personaje.
- La mayoría de los actores que participaron en las escenas de la trinchera enfermaron debido al tremendo frío que pasaron. Más tarde reconocieron que esas condiciones ayudaron a recrear las penalidades de los soldados, como exigía el guión.
- La actriz que interpreta a la cantante alemana en la escena final, Christiane Harlan, se convirtió en la esposa de Kubrick.


4 comentarios:

  1. Muy bueno este blog
    aqui me quedo y te sigo
    realmente fue la epoca de pocos y de gloria del cine
    muy bien descripto
    un abrazo y si te da llegate por mi blog a ver que te parece y gracias
    Carmen

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  2. Gracias, Carmen, me alegro de que te quedes. Ahora sólo falta sacar un poco de tiempo para ir avanzando en este blog, que lo tengo abandonado.
    Echaré un vistazo al tuyo.
    Un abrazo

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  3. Senderos de Gloria es una de esas películas que te dejan sin palabras... Una obra maestra.

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    1. Así es, Joaquín, impresionante. Y una sensación de rabia e impotencia tremendas. Hizo bien Kubrick en poner un desenlace musical (la canción de la camarera) para rebajar los ánimos.
      Saludos

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